UN HOMENAJE DISCUTIBLE.
Aprovechando la corrida benéfica que se realizaró el pasado 1 de Marzo en honor de Adrián Gómez, banderillero que fue volteado en la plaza de Torrejón de Ardoz y sufrió una tetraplejia severa, les escribo sobre el mundo de los toros. No me parece mal la iniciativa, en cierto modo el mundo del toro no puede dar la espalda a casos como el de Adrián, pero no me parece ético que se haga casi un homenaje a una persona por sufrir un accidente –sea cual sea el resultado de este-. Es como si un encargado de obra organiza una construcción benéfica, porque un obrero haya sufrido un accidente. A nadie le gustan las desgracias ajenas, pero de ahí a considerarle un héroe de guerra, hay un trecho. El lema de la campaña sí que roza lo absurdo: ¡todos somos Adrián! Señores, sean realistas ustedes no serían Adrián si no se pusiesen delante de un toro, nadie les obliga, por tanto no intenten merecer lastima. ¿Cómo pueden decir que “hay que reconocer el valor que hay que poseer para afrontar con hombría un destino tan duro”, como dicen en la página web de El corte inglés, que vende las entradas? Es igual de duro para un ama de casa no poder moverse o para un médico o incluso para el obrero del que hablábamos antes, con la diferencia de que ninguno de estos tres sujetos habría elegido tener que afrontarlo y su trabajo es más provechoso para la sociedad que el de ningún banderillero. El torero es libre a la hora de ponerse el capote y salir a torturar a un animal, el torero sabe a lo que se enfrenta y conoce lo que puede pasarle. De todas formas no sé por qué esta corrida tiene un cierto olor a lucro. ¿No tuvieron bastante con el partido benéfico que montaron los de la organización Todos somos Adrián en Coslada? La verdad es que no consigo entender por qué hacen cosas como estas. Si se han dado cuenta de lo peligroso que puede ser que toreen, no le encuentro explicación a que lo sigan haciendo, y más cuando su trabajo se basa en hacer daño a animales indefensos.
Aprovecho para resaltar la confusión de términos que suelen sufrir los que están a favor del toreo. Que lo llamen tradición, tiene un pase, pero que lo llamen cultura y mecánicamente se relacione España con ¡Olé! Y toros, no. Además de lo de hombría, ¿por qué es más hombre el que se pone delante de una bestia que el que trabaja extirpando tumores? Y otra cosa más: ¿Qué se supone que tienen las mujeres torero?, ¿se sentirían reconocidas en el término hombría? Que se cayera en este prejuicio machista en la edad de bronce, donde o se le hacía al animal lo que le hacen estos “protohombres” o se moría de hambre tiene una lógica y es plausible. Ahora bien, que en pleno siglo veintiuno se celebren estas “costumbres” de unos pocos, clama al cielo


